Sobre Kike Palau
Me preparé para dirigir una empresa. La informática era mi afición.
Soy Kike Palau. Vailet nace al juntar dos cosas que me han acompañado durante años: dirigir un negocio y buscar otras formas de hacer el trabajo con tecnología.
La empresa estaba en casa.
Crecí preparándome para tomar el relevo de una empresa industrial familiar. Estudié ingeniería industrial, ingeniería naval, Derecho y prevención de riesgos laborales, y completé un doctorado. Cuando mi padre se jubiló, asumí la continuidad del negocio.
Esa formación influye en mi manera de tomar decisiones. Me interesa lo que una solución permite hacer técnicamente, pero también cómo se vende, qué implica para las personas y cómo encaja con el funcionamiento de la empresa.
También aprendí a conseguir que los clientes llegaran.
Antes de incorporarme a la empresa industrial, pasé diez años vinculado a un negocio hotelero. Allí aprendí posicionamiento en buscadores y marketing digital, compitiendo por visibilidad con plataformas como Booking y Expedia.
Después pude aplicar ese aprendizaje a un nicho industrial B2B. Pensar en cómo un cliente encuentra un producto, lo entiende y decide comprarlo pasó a formar parte de la manera de trabajar.
También he trabajado a bordo de un portacontenedores y he conocido la administración municipal desde dentro, durante cuatro años como concejal de un ayuntamiento. Son entornos distintos que me han enseñado a tener en cuenta la operación, las personas y las reglas que la condicionan.
El ERP era un Ferrari. Pero nunca pasaba de primera marcha.
Habíamos dedicado mucho esfuerzo a mejorar máquinas y procesos. Sin embargo, introducir datos en el ERP y obtener después la información que necesitábamos seguía costando demasiado.
Tenía ideas para cambiarlo, pero convertir cada una en un proyecto informático se me hacía pesado. Empecé a construir herramientas para nuestra forma de trabajar: conectar información, aprovechar patrones y evitar empezar desde cero en tareas que se repetían.
Con la IA pude avanzar mucho más rápido en el desarrollo. No siempre para que una IA ejecutara la tarea final; también para construir software que la resolviera.
Los robots llegaron mucho antes que Vailet.
La informática y la robótica me gustan desde pequeño. Mucho antes de trabajar con IA, ya compraba perros robot en Estados Unidos y probaba cómo programarlos.
Sigo reservando espacio para experimentar. Uno de esos proyectos es Franz, un robot con el que exploro cómo guiar a un operario hasta la ubicación de las piezas en el almacén, para asistirle en el picking de un pedido. Señala dónde están; no las recoge.
Para mí, la IA ha unido esa curiosidad con la posibilidad de materializar muchas más ideas. No todos los experimentos tienen que convertirse en un servicio.
De mejorar mi empresa a ayudar a otras.
Al ver cómo cambiaba nuestra forma de trabajar, otras personas empezaron a preguntarme por qué no ayudaba a más empresas a hacer algo parecido. Decidí intentarlo. Así nació Vailet.
Quiero que un empresario pueda sentarse conmigo, explicar qué le preocupa o qué quiere conseguir y explorar posibilidades sin tener que traer una especificación informática escrita.
Me gusta ejecutar, probar y mejorar. También he aprendido a no tomar decisiones en caliente. Avanzar rápido y darse tiempo para pensar no son cosas incompatibles.
Una conversación de negocio que puede convertirse en un proyecto.
Yo dirijo el trabajo y cuento con una red de profesionales con los que llevo años colaborando. Según lo que necesite el proyecto, podemos desarrollar nosotros o trabajar junto al equipo y los proveedores que ya tiene vuestra empresa.
No se trata de incorporar IA por todas partes. Se trata de elegir dónde puede ayudar, cuándo basta con otro tipo de software y cómo llevar esa mejora al día a día.
Ahora me interesa conocer tu empresa.
No necesitas llegar con la solución. Puedes empezar por lo que quieres conseguir.